lunes, 20 de junio de 2016

Artículo 72 LOTTT ¿Se considera que ha terminado la relación laboral después que el trabajador tiene 52 semanas de reposo?

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Artículo 72. La suspensión de la relación de trabajo procede en los siguientes casos:
a)       La enfermedad ocupacional o accidente de trabajo que incapacite al trabajador o trabajadora para la prestación del servicio durante un período que no exceda de doce  meses.
b)       La enfermedad o accidente común no ocupacional que incapacite al trabajador o trabajadora para la prestación del servicio durante un período que no exceda los doce meses.
c)       Licencia o permiso por maternidad o paternidad.
d)       El cumplimiento del deber constitucional de prestar servicio civil o militar.
e)       El conflicto colectivo declarado de conformidad con esta Ley.
f)        La privación de libertad en el proceso penal, siempre y cuando no resulte en sentencia condenatoria.
g)       El permiso para el cuidado del cónyuge o la cónyuge, ascendientes y descendientes hasta el primer grado de consanguinidad, en caso de necesidad y por el tiempo acordado entre las partes.
h)       La licencia concedida al trabajador o trabajadora por el patrono o la patrona para realizar estudios o para otras finalidades de su interés.
i)         Casos fortuitos o de fuerza mayor que tengan como consecuencia necesaria, inmediata y directa, la suspensión temporal de las labores, en cuyo caso deberá solicitarse autorización a la Inspectoría del Trabajo dentro de las cuarenta y ocho horas siguientes a la ocurrencia de los hechos que ameritan la suspensión, la cual no podrá exceder de sesenta días.

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Artículo 100.   Finalizada la discapacidad temporal, el empleador o la empleadora deberá incorporar o reingresar al trabajador o la trabajadora que haya recuperado su capacidad para el trabajo en el cargo o puesto de trabajo que desempeñaba con anterioridad a la ocurrencia de la contingencia, o en otro de similar naturaleza. Cuando se haya calificado la discapacidad parcial permanente, o la discapacidad total permanente para el trabajo habitual, el empleador o la empleadora deberá reingresar y reubicar al trabajador o a la trabajadora en un puesto de trabajo compatible con sus capacidades residuales. Para cumplir esta obligación, el empleador o la empleadora efectuará los traslados de personal que sean necesarios.

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Reposo Médico ante el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales IVSS

             Durante el transcurso de la relación laboral, todo trabajador puede ser objeto de una determinada situación que lo incapacite temporalmente para realizar su trabajo habitual. Tal incapacidad temporal, puede originarse por los siguientes motivos: (i) una enfermedad laboral o común; (ii) un accidente común o laboral; (iii) por maternidad.
Ante dicha incapacidad temporal, el trabajador tendrá derecho a percibir de parte del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS),  una indemnización diaria desde el cuarto (4to) día de incapacidad, resaltándose que la duración y asignación de las indemnizaciones no podrán exceder de cincuenta y dos (52) semanas  (1 año) para un mismo caso.


Reglamento General de la Ley del Seguro Social

Artículo 141

En caso de enfermedad o accidente que le incapacite para el trabajo, el asegurado tendrá derecho
desde el cuarto (4º) día de incapacidad y hasta por cincuenta y dos (52) semanas consecutivas, a
una indemnización diaria equivalente a los dos tercios (2/3) del promedio diario de salario, a cual
se pagará por períodos vencidos. Dicho promedio se determinará de la siguiente forma:
a. Se sumarán los salarios semanales sobre los cuales se hubiere cotizado o recibido prestaciones
en dinero, durante el período señalado en el último documento de comprobación de derechos
emitidos por el instituto. El total así obtenido se dividirá entre el número de semanas de que conste
dicho período; y
b. El cuociente (Sic) resultante de la operación indicada en la letra anterior, se dividirá entre siete
(7) para obtener así el promedio diario del salario.
Parágrafo Único. A los fines de lo establecido en este artículo, el facultativo que declare la
incapacidad temporal para el trabajo deberá indicar, en todo caso, en el mismo acto, los períodos
en los cuales se deberán evaluar las condiciones físicas del asegurado y determinar sobre el
estado de su incapacidad, con el objeto de decidir si continúa la incapacidad temporal, si ha 
cesado la misma o si por el contrario ella es permanente, en cuyo caso deberá ser cubierta por el

Fondo de Pensiones como incapacidad parcial o invalidez.

jueves, 17 de abril de 2014

AMBIENTE LABORAL (EMPLEADOS ADULADORES)

No solo los empleados aduladores son nocivos, sino que se deben emprender acciones contundentes para enfrentarlos.


Cinco expertos en gestión humana explican qué hacer con los empleados aduladores, aquellos que hacen lo que sea por quedar bien con sus jefes.


Todos hemos sufrido la experiencia de trabajar a su lado. En cada oficina y en cada compañía hay empleados “lambones”, que hacen de todo por quedar bien con sus jefes. A veces, incluso, a costa de sus propios compañeros de trabajo. Y aunque puede parecer un tema frívolo, estos ‘empleados aduladores’ pueden causar un profundo daño en las empresas.
Camilo Vásquez Kennedy - Presidente Vásquez Kennedy & Partners

Los empleados lambones dedican su tiempo a proyectar una imagen que no está soportada en sus capacidades o ejecuciones reales. Suelen ser hábiles socialmente, prometen más de lo que hacen, son mentirosos, exagerados, y pueden denigrar de los demás. Son perfectos para jefes o superiores con un carácter débil presentándoles una falsa lealtad. Entonces se convierten en “soplones” y tienen ventajas frente al resto. Pero esto no dura toda la vida. Con frecuencia, caen rápidamente en desgracia cuando el jefe abre los ojos o les asignan un nuevo superior. El efecto es nocivo porque en este ambiente laboral se patrocina más el individualismo que el trabajo en equipo. Ahora bien, existen dos tipos de empleados aduladores que no necesariamente son negativos. Los yes-men cuya intención es evadir conflictos en vez de obtener beneficios, y los networkers quienes buscan ampliar sus contactos.

José Manuel Acosta - Presidente HC-Human Capital

El reto actual de las empresas y sus líderes está en la gestión de la diversidad. En la flora y fauna del entorno laboral, los empleados “lambones”, a quienes prefiero llamar aduladores, abundan. Su influencia puede llegar a ser nociva si su acción permea la cultura y valores institucionales, en especial si logran un tratamiento preferencial. El arte está primero en identificarlos y luego en influenciar su personalidad. Se deben resaltar comportamientos positivos de otros miembros del equipo, como la cortesía, la capacidad de trabajo o la innovación, utilizando mecanismos de medición y recompensas. Así se impacta positivamente el clima laboral y se envía un mensaje claro: el desempeño se evalúa objetivamente, lo que termina por persuadir a los “lambones”. No hay que confundir lambonería con generosidad, que es un rasgo crucial en las empresas. Saber dar y poder dar es una suerte que no todo el mundo tiene.

Jaime Urquijo- Gerente general Great Place to Work ® Institute Colombia

Empleados aduladores se remontan a siglos pasados cuando algunos se congraciaban con miembros de la realeza para conseguir favores de su parte. El único valor que pudieran crear quedaba representado en títulos de propiedad sobre tierras y bienes ociosos. Pero hoy, las cosas deben ser distintas. Crear valor para una compañía requiere principalmente de trabajo y, por esto, los empleados aduladores son una distracción peligrosa que no se puede tolerar. Quien dedica su energía a adular, la sustrae de aquellos frentes en donde está la acción y distrae a los colegas que sí están aportando. Entonces es crucial que las personas con responsabilidades de liderazgo muestren su rechazo absoluto a este tipo de prácticas que no suman un ápice al desarrollo de una empresa. Por el contrario, lesionan su capacidad productiva, particularmente en donde hoy está la diferencia: el talento de la gente.

Delio Ignacio Castañeda - Profesor Ph.D. Pontificia Universidad Javeriana

La adulación es una conducta intencional de un trabajador, que busca influir en el jefe para recibir algo a cambio. Dependiendo del momento, la adulación puede estar relacionada con obtener un mejor trato, mantener una buena relación, permanecer en el empleo, obtener un ascenso o un aumento en el salario. Esta adulación tiende a ser una estrategia empleada por el trabajador cuando no le es posible obtener lo que quiere por sus propias capacidades y prefiere influir de forma emocional. Si esta es una conducta indeseable ¿por qué se mantiene? Porque los jefes también obtienen ganancias. Para algunos jefes, la adulación es un bálsamo para su autoestima. En algunos casos, la adulación del trabajador contribuye para que este crea que es un buen jefe. En otros, la adulación funciona para el jefe como una cuenta de ahorros o una inversión de la que espera un retorno cuando la requiera.

Pablo Agustín Londoño - Socio CTPartners

Desafortunadamente, en el mundo del reclutamiento con frecuencia nos encontramos con algunos miembros de una especie aun no extinta: los llamados sapos o lambones. El lambón, definido como una “persona delatora y muy aduladora”, camufla su evidente falta de talento con una mal entendida lealtad. Hábil en labores de contrainteligencia, su mejor arma es el chisme, y su lealtad con la organización es nula. Si bien maneja una aparente cercanía con sus pares, esconde una gran capacidad para disociar. El mejor remedio es construir climas organizacionales donde la comunicación sea clara y directa. Es importante que la retroalimentación sea permanente, franca y en privado. La referenciación 360 es la vía idónea de un buen reclutador para desentrañar no solo las capacidades funcionales de un candidato lambón sino, además y sobre todo, evidenciar en este su lambonería como una de sus peores ‘habilidades’.
http://www.finanzaspersonales.com.co/trabajo-y-educacion/articulo/empleados-lambones/43651

sábado, 28 de septiembre de 2013

La Carta A García por Elbert Hubbard escrita en 1899

La Carta A García por Elbert Hubbard escrita en 1899

¿Ha oído Usted hablar de la famosísima "Carta A García"?

Tiene unas de las páginas modernas más populares y difundidas en el mundo. Antes de que la lea conviene que recuerde la historia de tan curioso "Mensaje".

Fue escrita por un norteamericano, una tarde, en el corto término de una hora. Pasó esto el 22 de Febrero de 1899, aniversario del natalicio de Jorge Washington y en Marzo del mismo año ya se había publicado en la revista "Philistine". Fue algo que brotó caliente de mi corazón y lo escribí tras un día gastado en la pesada faena de excitar a infelices sumidos en los limbos de una innacción criminal a que se tornasen hombres auténticos, radiactivos.

El único fin que me propuse al redactarla fue excitar a los inactivos y pesimistas a dedicarse con todo el entusiasmo posible a la acción, sin contentarse con hacer únicamente aquello que se les paga, o que es muy fácil hacer.

Pero la verdadera idea creadora brotó de labios de mi hijo Bert, cuando en el curso de la conversación entre taza y taza de té, sugirió que el héroe verdadero de la guerra de independencia de Cuba había sido Rowan.

"Si, dijo mi hijo, porque Rowan fue quien en la hora oportuna, culminante, llevó a cabo el hecho único, necesario; llevar el mensaje a García, la carta que lo iba a llevar al triunfo. Sin esta Carta quizás la independencia no se habr logrado".

La frase me hirió como un rayo. Sí, exclamé, el muchacho tiene razón: el héroe es siempre aquel que cumple su misión. El héroe es siempre aquel que en cada momento ejecuta con precisión y entusiasmo lo que tiene que hacer. El que lleva la carta a García. Corrí a mi escritorio y de un tirón de uno a otro cabo, escribí: "UNA CARTA A GARCÍA".

Tan poco caso hice a mi escrito, que fue publicado en la revista sin encabezamiento siquiera.

La edición salió y empezaron a llover pedidos por docena, por cincuenta, por cien ejemplares, de la revista, y cuando THE AMERICAN NEWS CO., pidió mil ejemplares, pregunté lleno de asombro a uno de mis ayudantes qué era lo que en ese número de la revista levantaba tal polvareda; con asombro oí la respuesta: "Esa historia tuya acerca de García".

Al día siguiente recibí un telegrama de George H. Daniels del New York Central Railroad, que decía: "deme el precio de 100,000 ejemplares de artículo de Rowan, en forma de folleto, con un aviso en la portada sobre el Empire State express, y diga cómo puede hacer la entrega".

Contesté dando el precio y avisando que la entrega se podía hacer en dos años. Disponíamos de tan pocos elementos, que eso de imprimir 100,000 ejemplares, nos parecía una empresa temeraria. el resultado fue que dí permiso a Mr. Daniels para reimprimir el artículo por su cuenta. Hízolo en ediciones de a medio millón de folletos. Dos o tres lotes de a 500,000 fueron puestos en circulación y además fue reproducido por cerca de 200 revistas y periódicos y traducido a todas las lenguas vivas.

En los tiempos en que Mr. Daniels distribuía "LA CARTA A GARCÍA", vino a los Estados Unidos el Príncipe Kilakoff, director de los ferrocarriles rusos. Y como dicho príncipe fuese huesped del New York Central y saliera a una gira por todo el país bajo la dirección personal de Mr. Daniels, conoció el folleto y se interesó por él más, quizá por ser Mr. Daniels quien lo repartía y por la gran cantidad que vio circular, de mano en mano, que por cualquier otra causa.

Lo cierto del caso fue que, de vuelta a su país, lo hizo traducir al ruso e hizo repartir sendos ejemplares a los empleados de todos los ferrocarriles del imperio. De Rusia pasó a Alemania, a Francia, a España; a Turquía, al Indostán, a la China...

Durante la guerra rusa-japonesa, cada soldado ruso que iba al frente llevaba un ejemplar de "LA CARTA A GARCÍA". Al encontrar los japonese el folleto en poder de todos y cada uno de los prisioneros de guerra, concluyeron que debía ser algo excelente y lo vertieron a su idioma. Por orden de Mikado fue repartido a cada uno de los empleados del gobierno, militares o civiles.

Alrededor de 44,000,000 de ejemplares de "LA CARTA A GARCÍA" han sido impresos, siendo esta la mayor circulación que una obra, en vida de su autor, haya logrado en tiempo alguno de la historia, gracias a qué serie de afortunados incidentes.

Una Carta a García

Hubo un hombre cuya actuación en la Guerra de Independencia de Cuba brilla en mi memoria como el sol en su pleno esplendor.

Sucedió que en aquella guerra, cuando los Estados Unidos decidieron intervenir en favor de los rebeldes cubanos, se vio muy clara la necesidad de un entendimiento inmediato entre el Presidente Norteamericano y el jefe de los patriotas el General Calixto García. ¿Pero cómo hacerlo? Hallábase García en esos momentos. Diso sabe dónde, en alguna tenebrosa montaña escondida en el interior de la isla. Y era absolutamente necesario ponerse en comunicación con él para organizar los planes de ataque y de defensa. ¿Pero cómo hacer llegar a sus manos un despacho?

¿Que hacer?

Alguien dijo al Presidente: "Conozco a un hombre llamado Rowan. Si alguna persona en el mundo es capaz en el mundo de dar con García es él:"Rowan".

Llaman a Rowan. Le piden que vaya en busca de García, esté donde esté, y que a costa de cualquier sacrificio, le haga llegar esa carta importantísima.

Rowan toma la carta. La guarda bien escondida en una bolsa que cierra contra su corazón, desembarca a los cuatro días en las costas de Cuba, desaparece en la selva primitiva para reaparecer de nuevo a las tres semanas al otro extremo de la Isla, cruzando un territorio hostil, y entrega la carta a García. Los dos frentes coordinan acciones y se gana la guerra. ¿Cómo logró llegar hasta donde estaba el destinatario de su carta? Es algo interesante que merecer escribir aqui el modo como esto sucedió. son cosas de las cuales no tengo especial interés narrar aquí. El punto sobre el cual quiero llamar la atención es éste:

"McKinley da a Rowan una carta para que la lleve a García. Rowan toma la carta y no pregunta: ¿en dónde podré encontrar al tal García?". ¿Por donde me voy a ir? ¿Esto será fácil? ¿No traerá peligros este oficio? ¿Y por qué yo y no otro?". Nada de esto pregunta ni comenta. Se va sin más a cumplir lo que se le ha encomendado.

¡Por Dios vivo!, que aquí hay un hombre cuya estatua debería ser vaciada en bronces eternos y colocada en cada uno de los colegios del universo. Porque lo que debe enseñarse a los jóvenes no es esto o lo de más allá; sino vigorizar, templar su ser íntegro para el deber, enseñarlos a obrar prontamente, a concentrar sus energías, a hacer las cosas, "a llevar la carta a García".

El General García ya no existe. Pero hay muchos Garcías en el mundo. Qué desaliento no habrá sentido todo hombre de empresa, que necesita de la colaboración de muchos, que no se haya quedado alguna vez quedado estupefacto ante la imbecilidad y la pereza del común de los hombres, ante su abulia, ante su falta de energía y de perseverancia para llevar a término las tareas que cada uno debe cumplir!

Por todas partes se ve flotar el descuido culpable, el trabajo a medio hacer, la despreocupación, la indiferencia. Esta parecen ser la regla general en el obrar de muchos. Muchos empleados cumplen tan descuidadamente sus deberes que si fueran soldados en una guerra ya los hubrían fusilado por desertores. Bajo estas condiciones no se puede tener éxito, si no se logra por uno u otro medio la colaboración completa de los subalternos, a menos que Dios en su bondad, obre un milagro y envie un ángel iluminador como ayudante.

Amable lector: ¿quiere poner a prueba mis palabras para saber si es cierta o no la afirmación de que si el progreso no nos llega es porque no se encuentran personas dispuestas a cumplir sus deberes con entusiasmo y hasta con sacrificio?. Llame a uno de los muchos empleados que trabajan a sus órdenes y dígale: "Consulte usted la Enciclopedia y hágame el favor de sacar un extracto de la biograf de Corregio".

¿Cree usted que su ayudante le dirá: "Sí señor, por supuesto", y ponga manos a la obra?

Pues no lo crea. Le lanzará una mirada vaga y le hará una o varias de las siguientes preguntas:

¿Quién era él?
¿En qué Enciclopedia busco eso?
¿Pero es que ese oficio me corresponde hacerlo a mí?
¿No será la vida de Bismark la que usted necesita?
¿Por qué no ponemos a Carlos a que busque eso?
¿Necesita usted de ello con urgencia, o lo podemos dejar para la semana entrante?
¿Quiere que le traiga el libro y saca usted mismo el resumen?
¿Para qué quiere saber eso?

Y apuesto diez contra uno a que despues de que usted haya respondido íntegramente el anterior cuestionario y haya explicado el modo de verificar la información y para qué la necesita usted, el prodigioso ayudante se retirará y buscará otro empleado para que le ayude a buscar a "GARCÍA" y regresará luego a informarle que tal hombre no existió en el mundo.

Puede suceder que yo pierda mi apuesta, pero si la ley de los promedios es cierta, probablemente no la voy a perder. Si usted no quiere complicarse la vida, no va a perder más tiempo explicandole a su ayudante que Corregio se busca en la C y no en la K, y otoros detalles más, sino se sonreirá y suavemente le dirá: "Déjemos eso". Y buscará usted personalmente lo que necesita averiguar.

Y esta incapacidad para la acción independiente, para la iniciativa personal, estupidez moral, esta flojedad de voluntad, esta mala gana para remover por sí mismo los obstáculos, este no hacer trabajar la propia inteligencia, es lo que retarda el bienestar colectivo de la sociedad y no deja a los individuos llegar al éxito. Si ni siquiera cuando se trata de conseguir provechos personales la gente está dispuesta a buscar soluciones y a derrochar enegías y tiempo por obtener las soluciones, ¿qué será cuando se trata de conseguir éxitos para su empresa o su nación?

Que lástima que a muchos lo único que les hace trabajar sea la mirada amenazadora y la voz tormentosa del capataz o del jefe. El temor de ser despedidos el sábado por la tarde es lo único que retiene a muchos trabajadores en su puesto. Ponga un aviso solicitando un secretario, y de cada diez aspirantes, nueve no saben ni ortografía ni puntuación. Parecen haber olvidado la consigna bíblica: "Que el que trabaja en servicio de otros no haga su oficio solo porque lo están viendo y por lo que puedan opinar las personas, sino con todo el corazón, porque quiere tener contento a Dios" (Colosenses 3, 22).

Me decía el jefe de una gran compañía: ¿ Ve a ese contador? Es un gran matemático. Pero si lo envío a cualquier agencia, por el camino se entra a un bar y se emborracha". ¿Cómo podrá emcomendarse a un individuo semeante, la Carta a García?

¿Podrían tales individuos llevar la carta a García?

En los últimos tiempos es frecuente oir hablar con gran simpatía del pobre trabajador víctima de la explotación industrial, del hombre honrado, sin trabajo, que por todas partes busca inútilmente emplearse. Y a todo esto se mezclan palabras duras contra los que están arriba, y nada se dice del jefe de industria que envejece prematuramente luchando en vano por enseñar a ejecutar a otros un trabajo que ni quieren aprender ni les importa; ni de su larga y paciente lucha con colaboradores que no colaboran y que sólo esperan verlo volver la espalda para malgastar el tiempo. 

En todo almacén, en toda fábrica, en toda compañía hay una continua renovación de empleados. El jefe despide a cada instante a individuos incapaces de impulsar su industria y llama a otros a ocupar sus puestos. Y esta escogencia no cesa en tiempo alguno ni en los buenos ni en los malos. Con la sola diferencia de que cuando hay escasez de trabajo la selección se hace mejor; pero en todo tiempo, y siempre, el incapaz es despedido; "la ley de la supervivencia de los mejores se impone". Por interés propio todo patrono conserva a su servicio a los más hábiles: aquellos capaces de llevar la Carta A García.

Conozco a un hombre de facultades verdaderamente brillantes, pero inhábil para manejar sus propios negocios y absolutamente inútil para gestionar los ajenos, porque lleva siempre consigo la insana sospecha de que sus superiores lo oprimen o tratan de oprimirlo. Ni sabe dar órdenes ni sabe recibirlas. Si se enviara con él la carta a García, contestaría muy probablemente: "llévela usted". Hoy este hombre vaga por las calles en busca de oficio, mientras el viento silba al pasar entre las hilachas de su vestido. Nadie que lo conozca se atreve a emplearlo por ser él un sembrador de discordias y pereza. No le entra la razón y sólo sería sensible al taconazo de una bota.

Comprendo que un hombre tan deformado moralmente merece tanta compasión como si lo fuera físicamente; pero al compadecerlo recordemos también a aquellos que luchan por sacar triunfante una empresa, sin que sus horas de trabajo estén limitadas por el pito de la fábrica, y cuyo cabello se torna prematuramente blanco en la lucha tenaz por conservar sus puestos a individuos de indiferencia glacial, imbéciles e ingratos que le deben a él el pan que se comen y el hogar que los abriga.

¿Habré exagerado demasiado? Puede ser; pero cuando todo el mundo habla de los trabajadores, así, sin distinción ninguna; quiero tener una frase de simpatía para el hombre que logra éxito; para aquél que luchando contra todos los obstáculos, dirige los esfuerzos de los otros, y cuando ha triunfado, sólo obtiene por recompensa --si acaso-- pan y abrigo. Se escucha decir que fulano se hizo rico porque explotó a los demás... Puede ser, pero lo que no nos explican es que ese señor no tuvo miedo de llevar su Carta A García. Que no tuvo miedo a levantarse a las cinco y trabajar hasta tarde de la noche. Que los fines de semana en vez de ir a los bares se fue a hacer planes de progreso o a perfeccionar sus conocimientos. Que mientras los otros charlaban él trabajaba. Que mientras los demás dormían, él echaba cabeza buscando soluciones. Por eso triunfaron porque supieron lanzarse a la acción sin miedo ni pereza. Porque en vez de hechar a una alcantarilla la Carta A García y dedicarse luego a buscar excusas por no haber conseguido fama ni éxitos, se lanzaron con toda el alma a buscar fórmulas para triunfar, y como "todo el que busca encuentra", encontraron las fórmulas, y practicándolas, consiguieron el triunfo.

Yo también he trabajado a jornal y me he hecho la comida con mis propias manos; he sido patrono y puedo juzgar por experiencia propia y sé que hay mucho que decir de parte y parte. La pobreza no da excelencia por sí sola; los harapos no son recomendación; no todos los patronos son duros y rapaces, ni todos los pobres son virtusosos.

Mi corazón está con aquellos obreros que trabajan lo mismo cuando el capataz está presente que cuando está ausente. Y el hombre que se hace cargo de una carta para García y la lleva tranquilamente sin hacer preguntas sin sentido, y sin la intención perversa de arrojarla en la primera alcantarilla que se encuentra al paso, y sin otro objetivo que llevarla a su destino; a este hombre jamás se le despedirá de su trabajo, ni tendrá jamás que entrar en huelga para obtener un aumento de salario. La civilización es una lucha prolongada en busca de tales individuos. Todo lo que un hombre de esta clase pida, lo tendrá; lo necesitan en todas partes; en las ciudades, en los pueblos, en las aldeas, en las oficinas; en las fábricas; en los almacenes. El mundo los pide a gritos, el mundo está esperando siempre ansioso el advenimiento de hombres capaces de llevar la carta a García.

El mundo confiere su mejores premios tanto en honores como en dinero, a una sola cosa: a la iniciativa.

¿Qué es la iniciativa?

Puedo definirla en pocas palabras: hacer, lo que se debe de hacer, bien hecho; sin que nadie lo mande.

A quien hace una cosa bien hecha sin que nadie se lo ordene, sigue aquel que la hace bien cuando se le ha ordenado una sola vez, es decir; aquéllos que saben llevar la Carta A García. Estos reciben altos honores, pero su pago no guarda la misma proporción.

Vienen luego aquéllos que obran sólo cuando se les ha dado la orden por dos veces; no reciben honores y sólo tienen un pago pequeño.

Se encuentran después los que hacen una cosa bien hecha, pero sólo cuando la necesidad los aguijonea; en vez de honores reciben la indiferencia y se les paga con una miseria. Estos tales emplean la mayor parte de su tiempo refiriendo historias de su mala suerte y quejandose de la vida.

Todavía en una escala inferior están aquéllos que no hacen nada bien hecho, aún cuando algún compañero se lo enseñe a hacer y permanezca a su lado para cerciorarse de que lo hacen; éstos pierden constantemente sus puestos y reciben como pago el desprecio que se merecen, a menos que por suerte tengan un padre rico, y en este caso el destino los acecha en su camino hasta descargarles un recio golpe.

¿A qué clase pertenece usted?

El Director General o Jefe de la Policía de Buenos Aires ha querido dar, según leemos en La Prensa de aquella gran metrópoli, una lección educativa a sus subordinados para establecer las condiciones que, a su juicio, constituyen el verdadero mérito para lograr un ascenso. Sobre los años de servicio pone las aptitudes; doctrina ésta que se ha popularizado por medio del siguiente apotegma: "Aptitud duple antigüedad".

A fin de establecer lo que entiende por aptitudes superiores, el Jefe de la Policía bonaerense ha escrito un diálogo a la manera platónica; lo ha hecho escribir en grandes carteles murales y lo ha mandado fijar en todos los cuarteles de su mando. He aquí el diálogo:

La escena ocurre en una de nuestras grandes casas comerciales. Un empleado pide autorización para presentar una queja al director general.

--¿Qué hay?
--Señor director, ayer fue nombrado X para ocupar la vacante de Z, y X es 16 años más joven que yo.

El director le interrumpe:

--¿Quiere usted averiguar la causa de ese ruido?

El empleado sale a la calle y regresa diciendo:

--Son unos carros.
--¿Qué llevan?

Después de una nueva salida el empleado vuelve diciendo:

--Unas bolsas.
--¿Qué contienen las bolsas?

El empleado hace otro viaje a la calle y vuelve diciendo:

--No sé lo que tienen.
--¿A dónde van?

Cuarta salida y responde:

--Van hacia el este.

El director llama al joven X y le dice:

--¿Quiere averiguar la causa de ese ruido?

El empleado X sale y regresa cinco minutos después manifestando:

--Son cuatro carros cargados con bolsas de azúcar, forman parte de las quince toneladas que la Casa A remite a Mendoza. Esta mañana pasaron los mismos carros con igual carga. Se dirigen a la estación Catalinas; van consignados a...

El director, dirigiéndose al empleado antiguo:

--¿Ha comprendido usted?